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Emprendedores colombianos fabrican ropa con plástico reciclado del mar

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Dos emprendedores paisas construyen un negocio de ropa de playa con plástico reciclado del mar. Ya exportan a Panamá y Guatemala, y apuntan a llegar a Chile y Puerto Rico. Esta es su historia.

En Envigado, un municipio de un poco más de 228.000 habitantes, ubicado a un par de minutos de Medellín, Antioquia, dos hermanos construyen un negocio sostenible que apunta a conquistar todo Centroamérica y un par de países de Suramérica. Se trata de una empresa que nació hace un poco más de cinco años, pero la cual ha logrado un crecimiento acelerado por su ambicioso concepto: hacer prendas de vestir con plástico sacado del mar.

“La empresa nació del amor hacia el mar y hacia la inspiración. Siempre me movía mucho la estética y la discografía del Joe Arroyo, Diomedes Diaz y el Grupo niche. Esa onda ochentera. Entonces como yo soy también soy musico, yo utilizaba mucho la inspiración y el ‘styling’, vistiendo a una banda de la cual fui parte. Ahí fue que nació mi interés por la moda y la idea de negocio”, cuenta a Forbes Daniel Velásquez, CEO y fundador de Bohio Playa.

Bohio, que traduce cabaña o kiosko, ofrece una solución textil para la playa, pero bajo el concepto de una tela que es fabricada a base de los plásticos y desechos que se retiran del mar. “Nosotros decíamos qué bacano sería tener unas prendas cool, bacanas, con diseños originales, pero también que podamos aportar algo por el medio ambiente. Desde ahí empezamos a investigar y encontramos proveedores que tenían tela terminada con todos estos plásticos que salían del mar”, añade Juan Camilo, quien es la cabeza financiera y está detrás de la estrategia de expansión de la marca.

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Bajo este concepto, y empleando adultos mayores cabeza de familia, en los últimos años han logrado reciclar aproximadamente 30.000 botellas en la fabricación de sus prendas Bohio.”Hemos ahorrado, agua, energía y otro tipo de insumos”, cuenta Camilo. “Se hace todo el tema de reciclaje de botellas y de plásticos que puedan servir. Se hace todo proceso industrial y se mezclan con la hilaza. Luego se empieza a tejer y queda el producto final”.

Gracias a su trabajo junto a entidades como Ruta N, Comfama o ProColombia, la empresa ha logrado un crecimiento acelerado en estos últimos años. Han logrado afinar su portafolio de producto, lo que les ha permitido tener una marca escalable.

“Nosotros empezamos en el 2015, y en pues digamos que en ese proceso de expansión nos asociamos los dos. “Es un emprendimiento que ya ha teniendo muy buena aceptación. Amerita que los dos estemos juntos y tengamos una sinergia para que la empresa crezca de manera exponencial”, dice Camilo, quien se unió con Daniel un par de años después de desarrollar la empresa.

Juan Camilo y Daniel participaron en Shark Thank Colombia.

“El primer mes vendimos $5 millones, ajustamos nuestro portafolio y el segundo ya vendimos $30 millones. El siguiente $70 millones y el año pasado vendimos $1.000 millones”, dice uno de los hermanos.

Hoy la empresa ya trabaja a nivel nacional, con distribuidores y puntos de venta propios. Además, exporta a Guatemala y Panamá, y próximamente apuntan a llegar a Chile y Puerto Rico. “Nosotros nos soñamos mucho todo Centroamérica, es muy interesante. Queremos llegar a México principalmente en Quintana Roo y queremos, a largo plazo, estar en Estdos Unidos, en Miami”, cuenta Camilo.

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La internalización de la marca se ha dado gracias a la participación en Shark Thank Colombia, así como a las asesorías empresariales que han gestionado junto a Ruta N, por ejemplo. En este momento ya están vendiendo alrededor de 700 camisas al mes, con picos en sus mejores meses de 2.000.

Con estos números, cuenta Daniel, apuntan a llevar un Bohio a todas las playas del mundo, bajo el argumento que son prendas con un componente de sostenibilidad y producidas con plásticos del mar.

Equipo de redacción La Ciudad Positiva (Con información de Forbes Colombia)

Gobierno colombiano propone reducir en un 51% los gases de efecto invernadero a 2030

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El Gobierno nacional le apunta a reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en un 51% al año 2030, según anunció el presidente Iván Duque en su programa de este jueves denominado Prevención y Acción.  

El mandatario afirmó que este objetivo se logrará con transición energética, movilidad limpia, reducción en la tasa de deforestación y  la siembra de árboles en todo el territorio nacional. «El objetivo es cumplir en 2020 la meta de sembrar los 180 millones de árboles», manifestó.

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Duque dijo que este compromiso también significa el pago por servicios ambientales, la protección de la Amazonia y de los páramos, así como trabajar para que «en todos los sectores la política de producir conservando y conservar produciendo juegue un papel trascendental».

Hizo un llamado para que los ciudadanos también trabajen en la reducción de la huella de carbono y que se efecúen de las tres R: reducir, reutilizar y reciclar, «un principio que todos puedan llevar en su diario vivir», mencionó. 

En su intervención, el Presidente dijo que si bien Colombia no es un país altamente emisor de GEI y solo aporta 0,4 por ciento al total global, sí es muy susceptible a los efectos del cambio climático y por ello se deben tomar acciones para aportar en este propósitoque debe ser global. 

«Hemos entendido muchas dificultades que tiene el mundo y Colombia es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático que se siente con la frecuencia del Fenómeno del Niño, de la Niña, la erosión costera y en este año récord de la temporada de huracanes», afirmó que ratificar que por eso el país va a asumir este compromiso histórico.


En Bogotá es frecuente la contaminación de la atmósfera. Foto: Guillermo Torres. 

«Al año 2030 nos vamos a comprometer con una agenda clara y específica, multisectorial para que se tenga esa reducción de 51% en los GEI. Este es un compromiso importante en el contexto latinoamericano y también global que muestra que unidos debemos cumplir con ese propósito para contribuir a la protección del planeta», aseveró.

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Algunos críticos cuestionan los compromisos del Jefe de Estado al señalar que mientras en los medios dice una cosa, sus acciones de gobierno dicen otra como, por ejemplo, permitir la realización de fracking y la explotación minera en áreas protegidas.  

Equipo de redacción La Ciudad Positiva (Con información Semana sostenible)

Gobierno colombiano prohíbe la pesca de tiburones

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El presidente Iván Duque dio a conocer la medida durante su intervención en el programa Prevención y Acción. Indicó que se realizará un proceso de compensación para los pescadores artesanales y ancestrales. Con esto se busca también frenar el comercio ilegal de aletas.

Con el objetivo de proteger las especies marinas que se encuentran el territorio nacional, el Gobierno nacional optó por prohibir la pesca industrial y artesanal de tiburones en Colombia.  

El presidente Iván Duque dio a conocer la medida durante la emisión del programa Prevención y Acción. «Sabemos que esto traerá un efecto en el sector de la pesca artesanal, el cual será compensado», afirmó.  

Explicó que con los ministerios de Ambiente y Agricultura establecerán, a través de un decreto, las medidas de compensación para atender a este sector y que, de esta forma, todos se unan en la protección de esta importante especie.

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El mandatario aseguró que si bien desde el 2010 se había prohibido la pesca de los tiburones a nivel industrial, resaltó que aún se daba a nivel artesanal en algunas zonas costeras. 

Carlos Correa, ministro de Ambiente, señaló, a su turno, que de esta manera se busca acabar con el comercio ilegal de aletas de tiburón, conocida como aleteo.

«Hay poblaciones que vienen ejerciendo la pesca artesanal desde hace tiempo y ya empezamos a trabajar con nuestro equipo para estar en estas comunidades e iniciar con ellas programas de pagos por servicios ambientales», dijo.

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El jefe de esa cartera ministerial manifestó que también llegarán con el equipo de negocios verdes para brindar la posibilidad de desarrollar una sustitución de actividades y así garantizar una fuente de ingreso a estas comunidades. 

«El tiburón ocupa el máximo eslabón en la cadena alimenticia y genera equilibrio marino. Por eso, esta decisión de país permite cuidar nuestros recursos naturales y ecosistemas«, apuntó el ministro. 

Por su parte, Sandra Bessudo, directora de la Fundación Malpelo, aseguró que esa era una decisión importante y necesaria. «Los pescadores artesanales entenderán y entienden, pues venimos trabajando en eso desde hace mucho tiempo. A ellos no les interesa su captura», dijo. 

La experta afirmó que es importante que los colombianos entiendan que hay especies que no es conveniente consumir. Señaló que varios estudios realizados por algunas universidades han demostrado altas concentraciones de mercurio en la carne y aletas de tiburón, las cuales no son permitidas y pueden causar problemas en la salud. 

Subrayó que con esta decisión se podrá fortalecer el monitoreo de estas especies en territorio colombiano. 

Fabio Arjona, director de Conservación Internacional, comentó, entre tanto, que los tiburones eran indicadores de salud oceánica y tenían un efecto sanitario muy importante en la medida que eran predadores de peces enfermos

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«La naturaleza no necesita de nosotros, pero los humanos sí necesitamos de la naturaleza. Esta decisión de política pública marca un hito en Colombia ya que significa muchas cosas en términos de decisiones. El tiburón, por ejemplo, pasó de ser un recurso pesquero a ser un recurso hidrobiológico, osea que su ámbito pasa del manejo de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca al Ministerio de Ambiente«, sostuvo. 

Afirmó que era necesario adoptar algunas medidas de protección a pequeñas comundiades ancestrales, más que a las artesanales, especialmente en La Guajira que tienen un uso sostenible de tiburones. «Es un tema manejable, pero lo importante es la señal de evitar el comercio del tiburón que se estaba exagerando en aras de una suspuesta pesca incidental que estaba siendo demasiado robusta, en términos de que teníamos una importate exportacion de aletas de tiburón cuya pesca directa estaba prohibida», resaltó.  

Para Arjona este era un magnífico indicio en términos de conservación de la biodiversidad, la salud pública y de liderazgo del país. 

Equipo de redacción La Ciudad Positiva (Con información de Semana Sostenible)

Habitantes de Ocaña construyen acueducto propio

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Cada 15 días, un carrotanque cargado con agua pasaba por los barrios Santa Clara, Bermejal y José Antonio Galán, en Ocaña (Norte de Santander), para suplir el servicio de acueducto. El resto del tiempo, los vecinos se recogian este recurso de una pileta pública.

Después de hacer varias siembras con árboles introducidos, los asociados aprendieron que debían regenerar el bosque con semillas nativas. Foto: Resnatur.

Pero un día, Cristóbal Navarro, un líder comunitario del barrio Santa Clara (Q.E.P.D.), escuchó una historia que le devolvió la esperanza: para resolver de una vez por todas el problema de desabastecimiento, cinco familias de la vereda El Danubio, cerca a su casa, habían decidido instalar una manguera para llevar agua desde la quebrada La Brava hasta sus viviendas. 

Decidido a ampliar esta idea, Cristóbal, quien se caracterizaba por su capacidad de convocatoria y su don para contagiar el buen ánimo —murió en 2011—, convocó a las cinco familias y a sus vecinos y les dijo: “vamos a comprar la manguera entre todos y a traer el agua desde La Brava. Sé que suena imposible, pero podemos hacerlo por el bien de 180 familias”. 

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Hubo quienes lo tildaron de loco, pero también partidarios de la idea, entonces Cristóbal siguió adelante. Convenció a un grupo de personas —entre las que se encontraban varios maestros de obra y construcción— para hacer un análisis topográfico desde la quebrada hasta la ciudad, y así fue como concluyeron que, por la fragilidad de las mangueras, había que pensar en otra alternativa.

Los líderes de esta iniciativa sueñan con seguir adquiriendo predios para incrementar la presencia de la fauna. En la foto, un carpintero habado (Melanerpes rubricapillus). Foto: Resnatur.

Para ese momento (1985), la ilusión de la comunidad ya tenía nombre: la Asociación de Amigos y Usuarios del Acueducto Independiente—ADAMIUAIN; complejo y difícil de memorizar, pero lleno de significado. Por eso, cuando Cristóbal les propuso pedir un préstamo a una entidad bancaria para financiar la tubería, los miembros de la nueva asociación no dudaron en decir que sí. “ADAMIUAIN estaba recién creada y sin recursos, así que el banco, por supuesto, pidió un respaldo para concederlo”, dice Gustavo Ibáñez, hoy integrante de la junta veedora de esta organización. 

Para él, que en principio miró con desconfianza esa idea revolucionaria de Cristóbal, fue una sorpresa cuando cinco personas de la comunidad dieron un paso al frente y ofrecieron las escrituras de sus viviendas como una garantía para el préstamo. Estaban jugándose su futuro y el de sus familias —pensaba—, así que más valía que esos esfuerzos fueran efectivos. 

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Y sí que lo fueron: el banco aprobó el préstamo, compraron 4.700 metros de tubería y conectaron los 5 kilómetros que separaban la quebrada de sus hogares. Además, la Corporación de Vivienda Popular de Ocaña les concedió un terreno en el que, posteriormente, Luis Emiro Álvarez, un socio fundador “con un gran sentido de liderazgo”, construyó un tanque de almacenamiento y distribución que recogiera el recurso hídrico durante las noches y lo suministrara en el día. Gustavo todavía recuerda la algarabía y el festejo cuando llegaron las primeras gotas de agua hasta las casas: “fue una maravilla, fue como un milagro que nos cambió la vida a todos”. 

Mediante caminatas anuales por los predios, ADAMIUAIN  le muestra a la comunidad ocañera cuál ha sido la evolución de los bosques que ha restaurado. Foto: Beatriz Rey.

Los primeros años del acueducto, las tarifas del servicio se definieron por la capacidad de pago de cada familia y no se midió el consumo de agua, pero a inicios de los años 90, con la aparición de la Comisión de Regulación del Agua Potable y Saneamiento Básico, ADAMIUAIN tuvo que cambiar su modelo de estratificación, incorporar un sistema de medición y potabilizar el servicio. 

“Fue una transición difícil, no solo por toda la infraestructura que necesitábamos, sino porque las personas ya estaban acostumbradas a consumir el agua sin límites. Al final, eso nos ayudó a valorar de nuevo ese recurso que antes no teníamos. Bueno, eso y lo de la sequía”, explica Gustavo, quien para ese entonces era presidente de la junta directiva de ADAMIUAIN. 

Equipo de redacción La CIudad Positiva (Con información de Semana Sostenible)