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Grupo de mujeres en Putumayo protegen al mono churuco colombiano

Tiempo de lectura: 1 minuto, 20 segundos.

Un grupo de mujeres de la vereda El Líbano, en Orito, Putumayo, decidió crear un colectivo para su defensa, pues se trata de un primate que ha sido perseguido durante generaciones por su carne. 

La formación de este grupo, que hace parte del trabajo de la Fundación Sambica (ONG creada por un equipo de líderes comunitarios de la región), se debió a la preocupación que genera la caza de este primate, pues a diferencia de otras especies que pueden compensar sus pérdidas con crías abundantes, el mono churuco tiene una reproducción lenta ya que las crías adultas dan a luz a un solo individuo cada dos años. 

También, la deforestación encendió las alarmas e impulsó la iniciativa, con el fin de proteger su hábitat. Esta no es una preocupación menor, si se tiene en cuenta las cifras del último reporte de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), las cual señaló que entre 1980 y 2000 se devastaron 100 millones de hectáreas de bosques tropicales en todo el mundo.

Un colectivo que impacta

El objetivo principal es concretar un acto de retractación y de perdón con esta especie, por lo que las mujeres promueven y asisten a campañas de educación ambiental y de concientización sobre la importancia de preservar este mamífero.  

Además de recibir charlas sobre biodiversidad y protección del medioambiente, también han liderado actividades que envían mensajes de protección de los ecosistemas en la región. 

El objetivo principal es concretar un acto de retractación y de perdón con esta especie. Foto: Santiago Toro/ PNN vía WCS Colombia. 

De hecho, también se han vinculado a otras iniciativas como diplomados o capacitaciones para conocer más detalles sobre la biodiversidad. Estas incluyen, entre otras cosas,  aprendizajes sobre la ganadería sostenible, la producción de miel y el avistamiento de aves. 

Como parte de las actividades centradas en el churuco, emprendieron un monitoreo comunitario de su población. 

De acuerdo con John Freddy Gaitán, miembro de la Fundación Sambica, se planea que una vez al mes, un pequeño grupo de este colectivo “pueda entrar al bosque, en compañía de un biólogo de la organización, para que aprendan a hacer avistamientos, tomar datos, seguimientos y llevar una libreta de campo”, entre otras actividades. 

El mono churuco, también conocido como mono choyo, es una especie con la que estas mujeres se identifican, pues es una especie que cuida con especial entrega a sus crías y a su comunidad. “Eso hace que queramos cuidarlo más y enseñarle a nuestras hijas precisamente eso, el valor de la familia”, manifestó al respecto Carolina Mora, una de las integrantes del colectivo. 

“El daño ya estaba hecho”

En la vereda de El Líbano, sus habitantes narran historias de cómo estos mamíferos eran cazados, pues en cada casa había una escopeta lista para salir a capturarlos. Los hombres se encargan de dispararles y las mujeres los cocinaban. 

Se planea que una vez al mes, un pequeño grupo de este colectivo “pueda entrar al bosque, en compañía de un biólogo de la organización, para que aprendan a hacer avistamientos». Foto: WCS. 

Si, por alguna razón, sobrevivían chuchuros bebés, estos eran dejados en los hogares como mascotas o eran vendidos. 

Estas acciones han ido cambiando en los últimos años, de acuerdo con Mora. “Las cosas cambiaron cuando las familias empezaron a recibir ingresos de otras actividades económicas, se olvidó la cacería y se puso fin a la captura del primate. Sin embargo, el daño estaba hecho y sus poblaciones disminuidas”, aseguró. 

También se tranformó el imaginario colectivo ya que ahora se conoce la trascendencia de la especie, por lo que estas mujeres “nunca podrían comerse un churuco como lo hacían sus padres y vecinos hace mucho tiempo”. 

El mono churuco

Es un primate platirrino que pertenece a la familia Atelidae. Es reconocido como el segundo mono más grande de América y vive en las selvas húmedas e inundables y se alimenta de frutos, hojas e insectos. 

En Colombia, su población está distribuida en la Amazonia y en el sur de la Orinoquia. También se encuentran en otros países del continente como Perú, Brasil, Ecuador y Venezuela. 

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo tiene clasificado como “vulnerable”, debido a su declive poblacional relacionado con la destrucción de su hábitat, la caza y el comercio ilegal.

*Con información de WCS.

Equipo de redacción La Ciudad Positiva (Con información de Semana Sostenible)

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